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Mezquindad by Diego Javier García Zéliz is licensed under a Creative Commons Attribution 3.0 Unported License.
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«[…] A Alicia le pareció que esto no tenía vuelta de hoja, y decidió hacer otra pregunta:
¿Qué clase de gente vive por aquí?
- En esta dirección - dijo el Gato, haciendo un gesto con la pata derecha- vive un Sombrerero.
Y en esta dirección - e hizo un gesto con la otra pata- vive una Liebre de Marzo. Visita al que quieras: los dos están locos.

- Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca - protestó Alicia.
- Oh, eso no lo puedes evitar - repuso el Gato- . Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
- ¿Cómo sabes que yo estoy loca? - preguntó Alicia.
- Tienes que estarlo afirmó el Gato- , o no habrías venido aquí.
Alicia pensó que esto no demostraba nada. Sin embargo, continuó con sus preguntas:
- ¿Y cómo sabes que tú estás loco?
- Para empezar -repuso el Gato- , los perros no están locos. ¿De acuerdo?
- Supongo que sí - concedió Alicia.
- Muy bien. Pues en tal caso - siguió su razonamiento el Gato- , ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.
- A eso yo le llamo ronronear, no gruñir - dijo Alicia.
- Llámalo como quieras - dijo el Gato- . ¿Vas a jugar hoy al croquet con la Reina? […]»
Cualquier forma de vida fuera del planeta que se acercara y observara detenidamente la conducta del ser humano solo podría llegar a una certera conclusión: «deben estar todos locos». Cheshire movía la cola cuando estaba enfadado y gruñía cuando estaba dichoso, el ser humano devora su entorno y a su propia especie para ser feliz, y cuando está enfadado se dedica a vociferar en programas absurdos de televisión o convertir la vida propia y de los allegados en una pesadilla. Es muy irónico constatar la proclama triunfadora de la «ley del más fuerte», cuando creo yo que debería decirse que es la «ley del más débil». Para que en este planeta dominen cuatro machos alfas, tiene que someterse un ingente de mediocres cobardes y atormentados, subproducto residual del adoctrinamiento de la «Gran Secta». Falseo un poco la realidad –me disculpo de ello– hay «fuertes» entre los mediocres que a pesar de sufrir condena se niegan a rendir pleitesía a esos machos alfas entrajados, que en su delirio se regodean en encuentros de aristócratas burgueses y que vociferaban hace unos años que «la Historia había acabado» y lo más cómico de todo es verlos ahora pudriéndose en su cinismo cuando afirman que «la lucha de clases» existe y que «ellos están ganando». Me pregunto qué entienden estos machos alfas que intentan jugar a ser «Dioses» y cuando lo único que logran reflejar su más mísera mediocridad. Sí, es realmente inaudito poder ser testimonio de esta aristocracia de pusilánimes que se creen en su más puro delirio amos del mundo, y compitiendo como dos pulgas que se pelean por quién es el dueño del perro donde cohabitan. Como buenos patriarcas de una gran familia –la raza humana– les han concedido generosamente una hermosa herencia: «la cobardía», «el chisme», «el egocentrismo de hormiga», «la inteligencia de cabeza de chorlito» y demás infamias. Han logrado lo indecible, tanto a jugar a ser dios, han creado un humano a su imagen y semejanza. «La ley del más débil» –que es el modelo hegemónico en nuestra sociedad– ha creado seres unidimensionales, autómatas y esclavos del bulbo raquídeo sometidos a la tubo de cristal –bueno, ahora somos más modernos, ya no es un tubo, sino pantalla de plasma LCD (¿o quizás era LSD?)–. Dicho engendro del Diablo ha logrado la cobardía en las vidas cotidianas. La violencia se está apoderando de las calles y podemos observar las miradas atónitas de estos autómatas del tubo sin ninguna iniciativa. Luego en su miseria de cobardía solo se les ocurra la idea genial de solicitar más y más agentes de la ley, como si ellos realmente pudiesen controlar la voluntad de todos los individuos desviados de luz. Hace unos años, una alma en pena que conocí me relató que un día su compañero se la llevó a un pub con el objetivo de emborracharla porque era la única manera de poseerla, y como ella se negaba, la golpeaba una y otra vez ante las miradas de indiferencia de los cobardes presentes. Nadie hizo nada y así es lo mismo con todo lo que ocurre.
Creo que es muy pedante sucumbir a una «superioridad moral». El ser humano puede ser sublime o mediocre, y cualquiera de ellos en según que contexto pueden demostrar un tipo de inclinación. Sin embargo, la historia está lleno de momentos en que el ser humano gozaba de más gloria, el mismo ser humano que hoy en día está intoxicado del fútbol y de los programas del corazón. Me explicaron hace tiempo que «L'Ateneu Enciclopèdic Popular» de La Ciudad Condal en la Segunda República tenía más socios que el Fútbol Club Barcelona –obviamente, todos obreros o mayoritariamente–, como encontramos el delirio de acercarse a futbolistas de renombre como Messi, pues en aquellos años era nuestro amado poeta Federico García Lorca. Por ello, llego a la conclusión que hay que abolir «la ley del más fuerte» –o mejor dicho «la ley de los débiles»– para imponer «la ley de las/os fuertes». Una sociedad de mujeres y hombres libres, ilustrados, librepensadores y filántropos. Las y los «fuertes» adolecen de miseria mental y de mediocridad, porque la «fuerza» solo tiene un sentido que es glorificar la humanidad levantando al quien está en el suelo. Solo es posible una sociedad de humanos «fuertes» cuando no hay débiles y cuando todos son libres, porque la ausencia mínima de libertad en un solo individuo es suficiente para pervertir y contaminar al resto. Todo el mundo sabe que una manzana podrida puede degenerar toda una cosecha.
No soy duro gratuitamente con la raza human. No la odio ni soy tan nihilista como para no importarme sus vidas mediocres. Lo que ocurre que sé que son capaces de mucho más y la historia está plagado de experiencias que reafirman mi percepción. Puedo ser taciturno y algo criticón, pero creo con firmeza que se ha de ser franco y romper de una vez por todas la «dictadura del pensamiento correcto», no para ser cínico, sino para hablar claro aunque eso pueda inducir al error.

Por ello, creo oportuno y necesario sacar a relucir las miserias de esta sociedad con este blog «Peter Pan – Revolución Sónica» y por ello, ser un espacio de opinión sobre esta sociedad víctima del delirio comatoso. Ser un espacio sin reglas y donde reine la anarquía, el lenguaje surrealista y la creatividad. La sátira y un lenguaje fantástico que sean pautas para retratar nuestra realidad absurda. Un conglomerado de decibelios sónicos que envuelvan el espíritu para volver a ansiar la emancipación y el despertar del yo. Furia de acordes que nos despierte de esta pesadilla, y como el «Mito de las Cavernas», ascendamos por el túnel hasta lograr salir para contemplar el sol. No pretender forjar dogmas o adoctrinar. Somos hijos de esta sociedad mediocre y por tanto, no adolecemos de este virus. Obviamente reconozco que este manifiesto no deja de ser «el derecho a la pataleta» que al parecer es lo único que nos queda.
Para finalizar deleitémonos con un monólogo del «Club de la lucha»: