Ese mismo año que el pueblo Mapuche le dio la del pulpo al emperador español, el cual tuvo que reconocer reino de la Araucanía, hubo un escritor que compuso una de las obras más originales de todo el siglo XV, diría más, una de las obras más importantes de la literatura universal. No solo eso, a su vez inició un género que ha marcado impronta en el carácter literario ibérico y que será una de las insignias propias de esta tierra. Estamos hablando –por su puesto– del Lazarillo de Tormes; obra que retrata el mundo de la picaresca de esas clases clericales y aristocráticas de baja alcurnia, y que por carecer de recursos, tenían que verse envueltos en la situaciones más ruines y de pura infamia. Nacía la «Picaresca», o al menos surgía en la literatura, siendo un retrato de una realidad cotidiana. Cómo no, nuestro atrevido autor retrata a esa clase mezquina que pretendía ser algo en una sociedad de la cual vivía de la apariencia y de la cual se jactaba de darse aires de nobleza y honor. Parece ser que estos míseros de ética y de razón, tras siglos de ser parias entre los poderosos, han logrado hacerse con el poder. Solo hay que ver que un malandrín y un bellaco, descendiente de la alcurnia de piratas como su nombre indica bien claro –«Botín»– propio del arte familiar, ya no saquea con espada y con garfio, sino lo hace de un rascacielos y con un teléfono móvil para hacer menester a los tiempos que corren. Es así pues que todos ellos han dejado el parche y loro parlanchín para ocupar majestuosos despachos donde robar y mentir como buenos rufianes.
En la ciudad más celebérrima de los Países Catalanes –nación secuestrada, por no sé qué de derecho histórico– conocida como «La Rosa de Foc» –por no dejarse someter jamás por estos pícaros «botiflers» que siempre han ocupado poltrona en «el Parlament de Catalunya»– esta mísera alcurnia que ha demostrado su incapacidad para gobernar al pueblo soberano catalán y que tantos aires patrióticos se dan. Pero, no debemos sorprendernos por los hechos y su oportunismo al declararse favorables a la independencia –¿Quién puede ser tan ingenuo de creerse que estos rufianes van a luchar por la libertad de los Países Catalanes? Sí, parece ser quienes aún se creen a la burguesía catalana– Golpes como los del ciego del Lazarillo de Tormes intentando recuperar la poca credibilidad y reputación que les puede quedar. Pero, no hay sorpresa alguna para aquellos que conocemos de qué pasta están hechos estos bellacos. Ya es histórico las huelgas generales convocadas por la CNT para que la «molt honorable» burguesía catalana aceptara las leyes que ya se habían aprobado en el parlamento del Reino de España, y a su vez, para los que no queremos olvidar, la traición que nos propinaron a la clase obrera catalana en la Semana Trágica y en la Dictadura de Primo de Ribera.
No nos hemos de sorprender que es muy casual la «Operación Limpieza» que pudimos ser testimonios en Plaça Catalunya el año pasado, y luego el asalto de esos trasgos patanes que tienen para mantener el orden. No había excesos en la tarde de 29 de marzo por Barcelona previo a la maravillosa actuación de la guardia cavernícola de «gossos de quadra». Uno se pregunta, si era tan importante mantener la integridad de los cuatro containers que hasta entonces habían quemado diez chavales –al margen del debate moral de vandalismo o acción de lucha– y los cuatro agujeros que habían propinado a cuatro bancos, para justificar esa carga de esos «goblins» descerebrados, y por consiguiente, romper ojos, caderas y atizar «Cachiporras a gogó» a todo «quisqui» que paseaba por allá –El «molt honorable» y «prohom» ministro de interior de la Generalitat de Catalunya ya nos tiene acostumbrado a su miseria y ya nos hizo una demostración en Plaça Catalunya–. Pero, es tal su necedad que pretende engañarnos que la culpa de todo lo ocurrido fue los 2000 antisistemas; antes aceptar tal embuste, debería explicarnos por qué durante todo el día hubo un cordón de trasgos babosos cercando el Corte Inglés, y que de forma milagrosa se evaporaron justito el momento en que transitaba la marcha de la CGT, CNT-AIT y CNT-Catalunya, y podría explicar cómo fue que aparecieron un banda de desalmados vestidos de negro –que nadie sabía quienes eran y que no habían visto– y empezaron a destrozar el Corte Inglés y Santa Lucía. Supongo que en su magma de falacias nos querrá convencer que fueron los 2000 antisistemas que querían arrasar la ciudad, pero es muy curioso que esos tipos se parecieran de forma sospechosa a esos trasgos disfrazados de antisistema que fueron descubiertos durante todo el día. Sea lo que sea lo que haya ocurrido, es muy sospechoso que tras este hecho, a pocos minutos después su pandilla de «goblins» peludos igual que la película del Laberinto de David Bowie empezaran a propinar cachiporras a gogó, a lanzar balas de goma y gases lacrimógenos a todo «quisqui», independientemente de ser un «antisistema» –como usted ve por todas partes– de ser ciudadanos.
Pero, usted en qué piensa cuando da esas órdenes. Usted se cree que ante tal bellaquería los ciudadanos se iban quedar impasibles al ver como sus guardia de cavernícolas arrebataban el derecho a manifestarse pacíficamente. Usted se cree que toda esa gente que se negó a someterse a su fascismo son antisistemas. Por favor, usted no sabe lo que es la democracia, si realmente supiese lo que es democracia, al día siguiente ya hubiese estado firmando su dimisión, y cediendo su cargo a una persona mucho más cualificada para este trabajo. No se pregunta usted por qué desde que está en el cargo ha aumentado la violencia en las manifestaciones –violencia ejercida especialmente por sus trasgos peludos–. Como algunos compañeros han dicho, usted hubiese tenido que ser ministro de interior hace 50 años, allí hubiese hecho carrera y hubiese conseguido estar en su ambiente.

















